Published On: Sab, Mar 14th, 2020

Infodemia: del castigo de los dioses al castigo de las redes

Por: Ramiro Chávez B.

Las sagradas escrituras plasman en sus páginas epidemias que azotan a la humanidad en el camino de la historia.

Las pandemias se distinguen de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud con dos criterios: que el brote epidémico afecte a más de un continente y que los casos de cada país ya no sean importados sino provocados por trasmisión comunitaria.

Hoy estamos frente a una pandemia con el coronavirus, la propia Organización Mundial de la Salud ha hecho lo propio con lo referente a los protocolos que usan cuando ocurren estas situaciones, los ministerios o dependencias de salud de los países replican tales protocolos y comienza entonces el tendido de cercos estratégicos para ir combatiendo la pandemia.

En el inter hay muertos, los casos contagiados aumentan, la propagación gana terreno y el esfuerzo humano a través de los profesionales de la salud se convierte en un ejército para combatir la amenaza que atenta con la salud mundial.

Desde la “peste negra”, la viruela que prácticamente acabó con el pueblo Inca, la gripe española en el siglo XX, el Sida, el H1N1 entre otras han sido pandemias que han azotado a la humanidad y al paso del tiempo, la sociedad cada vez más organizada, va por un lado descubriendo vacunas y por otro proponiendo políticas que se convierten en protocolos de atención a enfermedades.

En esta línea del tiempo de las pandemias cabalga junto a ella una palabra, la creencia.

Hace miles de años las pandemias estaban ligadas directamente a un castigo de los dioses, hoy a un castigo de las redes.

Vivir en el mundo de las redes sociales, depender de lo que en ellas se describe y escribe envuelve a todos, la comodidad que brindan de ofrecernos información y unificar criterios alrededor de ella, convierten en verdad una mentira.

Todos somos proveedores y expertos ante un tema, buscamos ganar “primicias” copiando, pegando y compartiendo sin consultar fuentes o formular criterios, propagamos el virus del “fakenews” y convertimos así un tema en una infodemia.

La información que obtenemos o que podemos buscar es un “dar forma” a un conjunto de elementos que cruzados entre sí se convierten en una comunicación con valor.

Debemos ser más responsables al momento de que cae en nuestras manos una información.

Hemos dejado de atender las fuentes oficiales y a los medios de comunicación para formular un criterio, hemos abandonado las pláticas formales entre amigos o consultar a conocidos en temas para tener un mejor criterio de algo, no se trata de obedecer lo que digan ciegamente las fuentes oficiales, sino para ocupar un poco de tiempo en valorar lo que nos están comunicando y así evitar propagar una desinformación que altera el estado de ánimo social y termina en una reacción colectiva.

La mente humana como campo de recepción se vuelve vulnerable ante tanta desinformación.

Es la creencia.

Desde el castigo de los Dioses, la manipulación de hacer creer que lo que ocurre es porque lo merecemos o porque algo hicimos mal, sigue siendo la mente la que se queda afectada cuando los virus se van.

Desde La Guerra de los Mundos de Orson Wells hasta las redes sociales de hoy en día sigue siendo la mente la que al caer en una creencia entra en un miedo colectivo que desequilibra más que una pandemia.

Al momento no hay protocolos establecidos para contener esta infodemia, no se puede calcular cuántos contagiados hay realmente ni se pueden tender cercos ni colocarnos en cuarentena, es un virus que nos tiene sostenidos y contenidos.

Volver al principio puede ser un buen comienzo, ese principio donde la incredulidad de muchos temas nos hacía preguntar, investigar, cuestionar mucho antes de opinar, mucho antes que compartir.

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